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2009 - Violação dos direitos humanos de uma casal com deficiência intelectual e de sua filha

Sara y David. ¿Qué se esconde debajo?

a foto mostra David e Sara tirando uma foto do próprio celular na maternidade, ele alto de blusa marron e ela de baixa estatura vestindo camisola azul

¿Qué se esconde debajo?

Esmeralda es un bebé de menos de un mes al que la Junta de Andalucía ha puesto bajo protección porque, en realidad no supo, no quiso o no le interesó y a saber por qué oscuros intereses, proteger a tiempo su legítimo derecho a permanecer con su única y verdadera familia.

El artículo 9 de la Convención Internacional de los derechos del niño de 1989, establece que los estados partes velarán porque el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de éstos.

Así pues, y paradójicamente, Esmeralda nació con sus derecho a la familia vulnerado por la propia administració n (in)competente, que no supo velar por el artículo 37 de la Convención Internacional de los derechos del niño ya que, a solo 48 horas de su nacimiento, recibió el cruel, inhumano y degradante trato de ser retirada del seno de su madre, en pleno periodo de lactancia por ser esta una mujer con discapacidad intelectual, al igual que su padre, y carecer de recursos y apoyos para garantizar la estabilidad, la seguridad y el pleno desarrollo de la niña.

Sara y David son sus padres, dos personas con una discapacidad intelectual (inteligencia límite) a los que también protege o debería proteger, una Convención Internacional de Derechos, los de las personas con discapacidad, ratificada por nuestro Estado, el 3 de Mayo del año pasado y que también la administració n (in)competente, parece haberse dado mucha prisa en haber descaradamente conculcado.

Con los padres de Esmeralda no se tuvo en cuenta la convención en sí misma, es decir, el artículo 4, el 5, el 6, el 8, el 11, el 12, el 13, el 14, el 15, el 16, el 17, el 19 y sobre todo el 23, que viene a reconocerles el derecho a la familia, el 26, el 27 y el 28 han sido y están siendo todavía vulnerados.

Sara y David eran libres y felices hasta que el equipo de (in)competencia social puso la zarpa sobre ellos, cuando tras un ejercicio de responsabilidad, se dirigieron en demanda de ayuda a los servicios sociales de la junta de Andalucía, ante la previsión de que su hija nacería en situación de desamparo y con el único objetivo de que, desde ahí, les ayudaran a solucionarlo. De los datos recabados se deduce que solo les dieron tres soluciones:

Posibilidad de abortar, la que los progenitores abierta y decididamente desestimaron.

Que algún familiar, cosa que tampoco quisieron, se hiciera cargo.

Que antes del alumbramiento encontrasen una varita mágica que les sacase de su situación de desamparo, ya que la administració n no estaba dispuesta a aplicar una serie de medidas y políticas de transversalidad, a la que conforme a la legislación vigente y muy especialmente a la Convención de derechos de las personas con discapacidad y del Niño, viene obligada.

O de lo contrario, harían lo que han hecho, y que comenzó siendo una amenaza, para terminar en un «rapto legal», al arrancarles a su hija de las manos.

El día 7 de enero, como regalo de reyes para David y Sara, nació en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz, una preciosa niña a la que sus padres quisieron llamar Esmeralda. Quienes estuvieron junto a la pareja, manifiestan que no daban crédito a tanta felicidad de los padres amamantando, aseando, mimando, mirando y protegiendo a su pequeña.

El día 9 de enero tras 48 horas de su nacimiento, llegaría el Rey Herodes, en forma de asistente social, acompañada de la policía, que ante la desesperación del padre, por querer recuperar a su hija, le estamparía contra un armario, con una resolución de desamparo en la mano para arrancar a Esmeralda del cariño de sus padres y depositarla en un centro de menores concertado de Chipiona. También quienes allí estuvieron, cuentan la desgarradora cruel e inhumana situación por la que estos infelices padres pasaron, viendo desde entonces su más deseado sueño truncado. Mientras Sara suplicaba “No me hagáis esto, mi hija no, dejadla conmigo. No os la llevéis” Una fría y calculadora funcionaria pública, le diría: “Ya te lo habíamos dicho Sara, o cambiaba vuestra situación o nos la llevábamos y vuestra situación no ha cambiado” ¿Qué pensaría esta burócrata si la misma situación maquiavélica se la hubiesen planteado a ella misma?

No fuimos pocos los que además de ver que esto se trata de una mera cuestión de aplicación o no de sendas convenciones de derechos humanos. Nos sentimos conmovidos e inmediatamente actuamos. CERMI, Foro de Vida Independiente, FEAPS y un buen puñado de ciudadanos que no descansaremos hasta ver esto claro.

Sara y David, posteriormente, fueron recogidos en un piso tutelado de una entidad de personas con discapacidad, para posteriormente ser trasladados a una residencia porque la vivienda en la que residían no tenía ni luz ni agua.

Tienen un régimen de visitas, con su hija, consistente en una hora, un solo día a la semana, con la advertencia también de que, si un solo día se retrasaran, por las razones que fuera, pasará a la semana siguiente la visita establecida. ¿Este comportamiento es el que han deducido de la lectura del artículo 23 de la Convención de derechos para discapacidad de la ONU?

Entre organizaciones y ciudadanos nos hemos dirigido al Presidente de la Junta de Andalucía, al Defensor del Pueblo andaluz, a la Consejera de Igualdad y Servicios Sociales de la Junta de Andalucía, Micaela Navarro, a la Ministra de Igualdad Bibiana Aido; a un paquete incontable de senadores, diputados y eurodiputados, a la Comisión Parlamentaria de discapacidad, a la fiscalía de menores de Cádiz, al movimiento asociativo femenino… Mientras el tiempo sigue pasando, y Esmeralda crece lejos de sus padres; parece ser que la presión no está siendo todo lo efectiva que debería y algunos ya nos preguntamos ¿Qué se esconde aquí debajo para que a una niña y a unos padres, se les pueda vulnerar tan descaradamente sus derechos más fundamentales: los humanos? Argumentando una situación de desamparo que es producto de la incompetencia, de la ineficacia, de la negligencia y del desamparo político, social, administrativo a que a esta familia han
enfrentado, por no haberles sabido o no haber querido darles a tiempo lo que estaban demandando y que parece ser, tampoco están muy por la labor de corregir e irles proporcionando?

Mª Ángeles Sierra y Enrique Rubio,
activistas del Foro de Vida Independiente
 



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